jueves, 12 de enero de 2017

¿Que cuántos años tengo?

¿Que cuántos años tengo?
– ¡Qué importa eso!
¡Tengo la edad que quiero y siento!
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo,
sin miedo al fracaso o lo desconocido…
Pues tengo la experiencia de los años vividos
y la fuerza de la convicción de mis deseos.

¡Qué importa cuántos años tengo!
¡No quiero pensar en ello!
Pues unos dicen que ya soy viejo
otros “que estoy en el apogeo”.

Pero no es la edad que tengo,
ni lo que la gente dice,
sino lo que mi corazón siente
y mi cerebro dicte.

Tengo los años necesarios
para gritar lo que pienso,
para hacer lo que quiero,
para reconocer yerros viejos,
rectificar caminos y atesorar éxitos.

Ahora no tienen por qué decir:
¡Estás muy joven, no lo lograrás!…
¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!… 

Tengo la edad en que las cosas
se miran con más calma,
pero con el interés de seguir creciendo.

Tengo los años en que los sueños,
se empiezan a acariciar con los dedos,
las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor,
a veces es una loca llamarada,
ansiosa de consumirse en el fuego
de una pasión deseada.
y otras… es un remanso de paz,
como el atardecer en la playa…

¿Que cuántos años tengo?
No necesito marcarlos con un número,
pues mis anhelos alcanzados,
mis triunfos obtenidos,
las lágrimas que por el camino derramé
al ver mis ilusiones truncadas…
¡Valen mucho más que eso!

¡Qué importa si cumplo cincuenta,
sesenta o más! Pues lo que importa:
¡es la edad que siento!

Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos
para seguir sin temor por el sendero
pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos.

¿Que cuántos años tengo?
Eso,  a quien le importa?
Tengo los años necesarios para perder ya el miedo
y hacer lo que quiero y siento.

Que importa cuantos años tengo
o cuantos espero...
Si con los años que tengo,
aprendí a querer  lo necesario y a tomar solo lo bueno

*José Saramago





martes, 29 de abril de 2014

Costumbre

La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias solo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de dejar para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana. Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los luegos y no los ahoras. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto. Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido. Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.

Tenemos la mala costumbre de esperar a un cáncer, a una mala noticia o a una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada. Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana. Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria. Decimos muy pocos te quiero y hacerlo por primera vez es como “no! que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.

Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.

Asústate cuando no le des besos a tu madre y a tu padre.

Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.

Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.

Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.

Asústate cuando pases un solo día sin ayudar a alguien.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita. Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, y respirar a medias. Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil. 

Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.

Tenemos la mala costumbre de apuntarnos a clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra. Tenemos la mala costumbre de comer animales, de contaminar el mundo y de lavar la ropa en vez de nuestras conciencias. Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Tenemos la mala costumbre de creernos que lo sabemos todo. Cuando realmente, no tenemos idea de nada.

Nos pasamos media vida o vida entera, soñando esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora. Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te despiertas, cada saludo de un amigo, cada muestra de cariño. 

¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA! No pongas barreras a tu corazón.

Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos ahoras que nunca llegaron. No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado. No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías. No dejes que la rutina descuide lo verdaderamente importante de tu vida.

En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.

jueves, 3 de octubre de 2013

Instantes



Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.

Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Prosa atribuida a Jorge Luis Borges

miércoles, 3 de abril de 2013

Codo a codo

Si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y mi todo y en la calle codo a codo somos mucho mas que dos.





miércoles, 6 de febrero de 2013

Un Presidente admirable

Habia escuchado muchas veces de José Mujica, presidente de Uruguay, leo y veo sus discursos y no puedo sentir mas que emoción y orgullo por él, envidia a el pueblo Uruguayo que tiene no solo un Presidente sensible, si no incireiblemente humano.

Aquí un discurso del año pasado en la Cumbre de Rio 2012.

Me quedo con este frase:

"Pobre no es el que tiene poco, si no que verdaderamente pobre es el que necesita mucho y desea y desea más y más" José Mujica


El

Retomando el Blog

Alejado del Blog por varios meses, por razones de tiempo, trabajo, y hasta cierto punto hartazgo, decidí pues retomar este espacio para seguir manifestándome y publicar cosas que me interesan y llaman la atención,  es grato saber que en ocasiones lo que uno piensa es compartido por otras personas.

No puedo hablar mas que de lo mal que le esta yendo a mi País, lleno de políticos corruptos, ambiciosos, que lucran con la pobreza de la gente y la convierten en vil espectadora de su voracidad: EPN llegó al poder rodeado de una nube de corrupción  arreglos en la oscurito, represiones, abusos de poder cuando fue  gobernador, violaciones a los Derechos Humanos, la tasa de feminicidios mas alta del País superarando a Ciudad Juarez que penosamente tuvo el primer lugar muchos años.

Con EPN llega lo peor de México, los viejos políticos que años atrás nos recetaron el Fobaproa, La privatizacion de las empresas nacionales, las represiones mas violentas, la devaluacion  que endeudo a muchos mexicanos y por la cual miles perdieron empleos; pero no solo llegan estos viejos políticos llegan acompañados que los "nuevos políticos priistas" que no solo son aun mas arrogantes y ambiciosos si no que cada uno de ellos es relevo generacional de conocidos apellidos de políticos corruptos.

Creo que será un sexenio muy difícil  tendremos que enfrentar y no se si sobreviviremos a la lluvia de impuestos, recortes, privatizaciones, represiones, perdida de derechos laborales, etc.

No tardan en decirnos que por el bien de México y para que "salgamos adelante" y "México crezca" sera necesario incrementar  impuestos, nos dirán que sera pára fomentar el apoyo al campo, para invertir en universidades, para abatir la pobreza, me llegan a la mente todas esas frases viejas que solo son re-bautizadas cada que es necesario.

Lamentablemente nuestra sociedad se indigna mas por un mal partido de la selección Mexicana que por los constantes enriquecimientos de políticos que llegan con manos vacías y se van con manos llenas.

A veces es desesperante tanta apatía y conformismo, sobre todo porque todo parece cíclico   la historia se repite una y otra vez en este País, espero llegue el dia en que escribamos una nueva historia, de esas que son contadas en lugares remotos como triunfos de la sociedad, tipo lo sucedido en Finlandia.

Mientras tanto por aquí andaré, a veces mucho a veces poco.

martes, 8 de enero de 2013

Manifiesto del Skyrunner


Besa o mata. Besa la gloria o muere en el intento. Perder es morir, ganar es sentir. La lucha es lo que diferencia una victoria, a un vencedor. ¿Cuántas veces has llorado de rabia y de dolor? ¿Cuán­tas veces has perdido la memoria, la voz y el juicio por agotamiento? ¿Y cuántas veces, en esta situación, te has dicho: «¡Otra vez! ¡Un par de horas más! ¡Otro ascenso! El dolor no existe, solo está en tu men­te. Contrólalo, destrúyelo, elimínalo y sigue. Haz sufrir a tus rivales. Mátalos»? Soy egoísta, ¿verdad? El deporte es egoísta, porque se debe ser egoísta para saber luchar y sufrir, para amar la soledad y el infier­no. Detenerse, toser, padecer frío, no sentir las piernas, tener náu­seas, vómitos, dolor de cabeza, golpes, sangre... ¿Existe algo mejor? El secreto no está en las piernas, sino en la fuerza de salir a co­rrer cuando llueve, hace viento y nieva; cuando los relámpagos prenden los árboles al pasar por su lado; cuando las bolas de nieve o las piedras de hielo te golpean las piernas y el cuerpo desnudo con­tra la tormenta y te hacen llorar y, para proseguir, debes enjugarte las lágrimas para poder ver las piedras, los muros o el cielo. Renun­ciar a unas horas de fiesta, a unas décimas de nota, decir «¡no!» a una chica, a las sábanas que se te pegan en la cara. Ponerle huevos y salir bajo la lluvia hasta que te sangren las piernas debido a los gol­pes que te has dado al caer al suelo por el barro, y levantarte de nue­vo para seguir subiendo... hasta que tus piernas griten a pleno pul­món: «¡Basta!». Y te dejen colgado en medio de una tormenta en las cumbres más lejanas, hasta la muerte. Las mallas empapadas por la nieve que arrastra el viento y que se te pega también en la cara y te hiela el sudor. Cuerpo ligero, pier­nas ligeras. Sentir cómo la presión de tus piernas, el peso de tu cuer­po, se concentra en los metatarsos de los dedos de los pies y ejerce una presión capaz de romper rocas, destruir planetas y desplazar continentes. Con ambas piernas suspendidas en el aire, flotando como el vuelo de un águila y corriendo más veloces que un guepar­do. O bajando, con las piernas deslizándose por la nieve y el barro, justo antes de impulsarte de nuevo para sentirte libre para volar, para gritar de rabia, odio y amor en el corazón de la montaña, allá donde solo los más intrépidos roedores y las aves, agazapados en sus nidos bajo las rocas, pueden convertirse en tus confesores. Solo ellos conocen mis secretos, mis temores. Porque perder es morir. Y uno no puede morirse sin haberlo dado todo, sin romper a llorar por el dolor y las heridas, uno no puede abandonar. Hay que luchar hasta la muerte. Porque la gloria es lo más grande, y solo se debe aspirar a la gloria o a perderse por el camino habiéndolo dado todo. No vale no luchar, no vale no sufrir, no vale no morir... Ha llegado la hora de sufrir, ha llegado la hora de luchar, ha llegado la hora de ganar. Besa o mata. Estas eran las palabras que, durante aquellos años, colgadas en la puerta de un viejo apartamento, leía todas las mañanas antes de salir a entrenarme.

miércoles, 3 de octubre de 2012

La música te hace viajar... Keith Jarrett


A veces por las noches no puedo dormir  y me he puesto a escuchar radio por internet, y me encontre en una estacion de Pakistan (como llegue a ella, no lo se, solo queria escuchar algo diferente) con  varias joyitas, y una de ellas  fue esta, y las demas son consecuencia de ella.

Estoy convencido que la musica te hace viajar, que  puedes soñar, imaginar, estar en muchos lugares, comparto esta joya sin mas palabras.

domingo, 12 de agosto de 2012